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18 feb. 2011

NORMANDÍA Y LA BRETAÑA (16) QUIMPER



LUNES 23 AGOSTO 2010

  Después de trece días de vacaciones por Francia estábamos abducidos por el síndrome del viajero feliz. Sin telediarios, sin prensa, sin noticias por la radio, empapados de todas las fantásticas sensaciones que nos está dejando el primer viaje grande con la autocaravana.


  Se están cumpliendo todas las expectativas que teníamos y estamos aprendiendo con tranquilidad, sin sobresaltos. La verdad es que Francia ayuda a sentirse así. Tienes la constante sensación de que te respetan y que ponen todos los medios para fomentar ésta actividad. Si hay aglomeraciones en las áreas, no tienes problemas en situarte en los aledaños, si aparcas correctamente, porque se entiende que estamos en Agosto. Sencillamente estas bien aparcado y punto. 


  Una visión realista por parte de las administraciones galas que ven una actividad económica a fomentar y no a perseguir, saben que el turismo en autocaravana no es equiparable al turismo estacional en un camping, son dos formas completamente diferentes y que no se solapan ni se estorban. Se fomentan las dos en paralelo. ¿por qué se empeñan en nuestro país a impedir la utilización de las autocaravanas, ¡Qué mojigatos nuestros políticos que entorpecen una actividad económica más! Porque así deberían verlo en esta época tan terrible que estamos pasando en nuestro país.


  Me enerva éste tema porque solo veo intereses particulares y por otra parte una miopía aguda que descalifica totalmente la capacidad de gestión de alcaldes, concejales, consejeros de turismo en las autonomías..... en fin, no quiero continuar con este tema porque me enciendo cuando veo tanto inútil suelto y con tanto poder.


  Seguimos hacia el sur en dirección a Quimper, famosa por su catedral gótica, una de las tres que existen en Bretaña. En el trayecto nos siguen sucediendo las pequeñas anécdotas que enriquecen los recuerdos de los viajes. Cerca ya de la ciudad, vemos en la pantalla del gps el icono de un área y decidimos verla por si nos gusta Quimper lo suficiente para quedarnos hasta mañana. En medio de la extensa campiña sin pueblos ni edificaciones el “tonto” nos mete por un camino de tierra en dirección a una granja pequeña en donde solo se divisaba un granero y aperos de labranza por todas partes, con sus perros ladrándonos al vernos aparecer de lejos, nada que dejase adivinar que allí se encontraba un área para autocaravanas. Media vuelta, reculando por el campo hasta la carretera.


  La entrada en Quimper se complicó mucho por un tráfico denso entre calles más bien estrechas y con pocos sitios para detenerse. Localizamos un solo hueco en un parking de pago junto al río con otras autocaravanas, pero después de múltiples maniobras por lo estrecho del lugar nos dimos cuenta que se quedaba toda la culera expuesta a roces y sin apagar el motor nos fuimos a buscar otro sitio.


  Una vez más, después de estar un buen rato dando vueltas infructuosas por varias calles céntricas, no tuvimos mas remedio que irnos hacia las afueras donde sí encontramos un espacio suficiente para aparcar en una calle que discurre paralela a la estación del tren ( Av. Liberatión ). A veces esta situación de no encontrar sitio en lugares céntricos tiene la contrapartida de no pagar en los parking a cambio únicamente de tener que caminar algo más.


  En esta ocasión no fue el problema de la distancia ( que no era mucha ) sino el ambiente que reinaba en aquel barrio. En los casi quince días que llevábamos por Francia no habíamos tenido esta sensación en ningún momento ni en ninguna circunstancia, pero aquí el “yuyu” se apoderó de nosotros nada mas poner pié a tierra. Era un barrio sucio, feo, con aspecto de abandono pero el “personal” que por allí deambulaba, ocioso, en las esquinas haciendo grupos y que nos miraban de arriba abajo, fue el que nos dejó la sensación de “peligro” activada. Con razón o sin ella nos condicionó la visita a esta bella ciudad.


  Nos dirigimos caminando hacia el centro, recorriendo el camino por donde habíamos salido, fácil de recordar por transcurrir a lo largo del río L’odet que da identidad propia a Quimper, itinerario precioso por encontrarse profusamente decorado con flores colgando de las barandillas metálicas que acompañan el curso del río a su paso por el centro histórico.


  Se llega sin mucho caminar a la altura de la Catedral de Saint-Corentin, patrón de la ciudad, impresionante ejemplo del gótico bretón construida a partir del siglo XIII sobre un santuario románico.


  Como sucede muy a menudo, su historia está llena de contratiempos y altibajos ocasionados por los acontecimientos políticos y sociales de la época en Bretaña, guerras de sucesión, la revolución francesa, epidemias que alargaron su finalización. Por ejemplo, las fantásticas agujas que coronan la esbelta catedral fueron realizadas en el siglo XIX , para lo cual el obispo de entonces impuso un tributo consistente en el abono de las ganancias anuales repartidas durante cinco años de todos los fieles. Así cualquiera. ( Mas información en Wikipedia ).


  Francamente merece la pena su visita. La contemplación de estas magnas construcciones siempre me causan la misma sensación. Admiración y belleza por una parte y un cierto desasosiego al pensar como fueron construidas y en qué condiciones se “trabajó” en ellas. Si hoy en día existen abusos, en aquellos tiempos ¿en que condiciones se trabajaba?. Y que inmenso poder e influencia se ha tenido para conseguir, simplemente que se construyan.


  No cabe duda y es fácil imaginar que gracias a las condiciones inhumanas de entonces, hoy podemos disfrutar de su existencia. 
Hacemos una rápida visita, sin darnos cuenta que llevamos un especial “acelero” en las piernas por la mala sensación que nos ha dejado el lugar en que se encuentra aparcada la autocaravana.


  Continuamos por las calles céntricas y sus vestigios mas antiguos pero sin encontrarnos con ningún lugar reseñable. Algún detalle bonito y peculiar como en casi todas las ciudades francesas pero poco más. Con el desasosiego y la intranquilidad permanente que no nos desaparece del cuerpo, decidimos terminar la visita y dirigirnos a la auto por el camino mas corto.


  Una vez dentro y ya tranquilizados estudiamos el itinerario a seguir. Revisando las reseñas que traíamos sobre lugares interesantes a visitar y teniendo en cuenta la hora en que nos encontrábamos decidimos dirigirnos a Locronán


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