Nos vamos con buen sabor de boca de Mersburg hacia Lindau arreciendo la lluvia cada vez con mas fuerza.
A la entrada de Lindau paramos en un parking muy amplio y despejado, gratuito, con la intención de comer antes de localizar un área, N 47º33’39’’ E 09º41’43’’, pero aparece una en el Tom Tom a unos 800 metros de donde nos encontrábamos, así es que allí nos dirigimos. El área donde llegamos se veía fantástica, muy amplia, cómoda para maniobrar, llana, asfaltada rodeada de arboles y con muchas autocaravanas. N 47º33’30’’ E 09º42’02’’.

Resultó ser un aparcamiento por horas donde se permite la pernocta a las autocaravanas e incluso alguna caravana por lo amplio y despejado que es. En un extremo existe un borne de carga y descarga, aguas negras y conexión eléctrica, pagando aparte.
El dilema viene a la hora de entender cuanto cuesta la pernocta y como se paga. Hay varios cajeros automáticos con moneda o tarjetas pero no necesitamos de momento utilizarlos. Espero a que una señora alemana pague primero el aparcamiento para ver como funciona y resulta que se tragaba todas las monedas sin soltar el tiket. Se cabrea la mujer aunque no se le notaba mucho, ya sabemos que son poco expresivos; viene el marido, no sé para qué, iden de iden, se vuelve a tragar mas monedas. Si ellos no lo entienden imagina un habitante de la península Ibérica. No había que saber idiomas. Ese cajero estaba estropeado y había que irse a otro donde había mayor cantidad de instrucciones, aunque exclusivamente en alemán, pero empiezo a sacar alguna conclusión.

Resulta que la primera hora es por 1,50 €, pero cada hora más eran 0,70 €, de tal manera que primero tenías que saber el tiempo que ibas a estar estacionado y calcular cuantos euros suponen, así, según el dinero que introduzcas tienes mas o menos tiempo de aparcamiento. Un auténtico embrollo típico de los alemanes que a veces parece que les gusta complicarse la vida.


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Fachada del antiguo Ayuntamiento (s.XV) |
Con la que estaba cayendo no se podía ir a ninguna parte y además a esas horas los posibles sitios a visitar ya estarían cerrados.
Seguimos aquella señal de tráfico sin tener que desandar todo el laberinto de calles que nos han traído hasta aquí, y rápidamente nos encontramos confortablemente “recogidos” en casa. ¡Qué placer!. Secos, un pequeño “tentempié”, y a dejar caer la lluvia el resto de la tarde. Flor con sus acuarelas, yo escribí algo de la ruta, luego repasamos fotos en el portátil y después de cenar, una pelí. “Autocaravanas forever”.
Como por allí no pasaba nadie, esperé hasta las doce de la noche y saqué el tiket calculando hasta las nueve de la mañana, total 6,30 €.
Jueves 14. Julio. 2011
La idea era no permanecer mas tiempo en ése aparcamiento, primero porque era de pago por tiempo y porque estaba bastante alejado de la isla donde está el centro histórico y el puerto.
Así que nos acercamos con la auto hacia el centro (como ya teníamos mapa) y junto al parking mas cercano al puente que cruza hacia la isla (de pago, claro está) encontré un barrio residencial donde junto a otra autocaravana aparqué con suma comodidad. Un sitio idóneo por tranquilo, céntrico y despejado. Allí cabían otras dos o tres autocaravanas más. Un acierto porque desde éste lugar, caminando, estamos a un tiro de piedra. Solo hay que cruzar el puente de acceso a la isla durante un corto trecho. Quien vaya con bicicletas, miel sobre hojuelas, carriles bici por todas partes.
Calle Hasenweidweg s/n. N 47º33’12’’ E 09º41’08’’
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The Mangturm, (s.XIII) |
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Del siglo XIII al XIX, sirvió de faro al puerto de Lindau |
El día se fue aclarando, ya no llovía aunque permanecía muy nublado. El paseo hasta el centro es muy agradable. Inmensos y cuidadísimos jardines con mansiones familiares siempre asomándose al inmenso lago Constanza.
Accedemos al interior del recinto amurallado a través de una de sus puertas centenarias y nos encontramos con el entramado clásico de calles empedradas y estrechas en donde se ha conservado muy bien el ambiente clásico alemán. Las tiendas de souvenir para turistas están integradas con mucho acierto en el aspecto general de las fachadas medievales y sin aglomeraciones de ningún tipo, el resultado general en una visita rápida resulta muy agradable.
En la plaza de la iglesia nos encontramos con una exposición dedicada al 130 aniversario del nacimiento de Picasso. Una retrospectiva sobre el pintor malagueño, 50 obras, algunas de ellas se mostraban por primera vez al público por pertenecer a colecciones privadas. Dibujos, tintas, pasteles, acuarelas desde los inicios artísticos hasta el fin de su vida.
Allí nos metemos sin remedio, había muchísima gente visitando ésta exposición. Naturalmente, no había ni un triste folleto en español.
Cuando salimos, el ambiente por las calles se ha transformado en multitudinario, parece que huelen cuando va a salir el sol. Animadísimas las calles alcanzamos el puerto donde se yerguen los dos emblemas de la ciudad. En un extremo de la entrada al puerto el león de Baviera, y cerrando dicha entrada por el otro lado, la torre del reloj y faro .
El conjunto que forman la bocana del puerto flanqueada por estos dos imponentes monumentos, la iglesia de Mangtrum (s. XIII) y las típicas casitas junto a los barcos amarrados, hacen de este pequeño puerto un escaparate precioso para contemplar nuevamente la grandeza del lago Constanza, que permanentemente a la vista, ahora despejándose de nubes, deja asomar allá a lo lejos las primeras estribaciones de los Alpes ya en Suiza .
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Stadtmuseum Lindau |
Para matar el “gusanillo” que a estas horas casi siempre nos ataca, decidimos hacer cola y probar algún producto típico de por aquí. Durante la espera nos fijamos en lo que se vendía en aquella tienda abierta hacia la calle y donde los lugareños compraban para degustarlo sentados por los alrededores. Por cambiar y no repetir el bocata con salchichas de Frankfurt que probamos en Friburgo, nos decidimos por otros de carne pero sin saber nada de ellos, a pesar de las amables explicaciones que la “oronda” y simpática dependienta nos prodigaba. A todo le decíamos que sí, era imposible entender nada, ya veríamos luego. Hicimos como el resto, buscamos un asiento a la sombra y a por el bocata que resultó estar muy bueno. Tuvimos suerte porque en la misma calle donde estábamos confortablemente sentados comenzaron a tocar un cuarteto de músicos con instrumentos de cuerda y ya se sabe aquello de que con el estómago lleno y el alma serena todo se ve mucho mejor, hasta un tango tocaron para nuestro especial deleite. Y así con este delicioso final nos volvimos tranquilamente hacia la autocaravana con otro paseito cómodo y relajado entre parques y jardines, el puente y el omnipresente lago Constanza.
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