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22 feb. 2012

WERFEN: ALEMANIA Y AUSTRIA.16



Miércoles 20 julio 2011

Uno de los lugares que queremos visitar es la gruta de hielo que se anuncia como la mas grande del mundo. Eisriesenwelt y no está lejos de Salzburgo, en Werfen, a menos de 50 Kms. Sin embargo este era un sitio que descubrimos por casualidad solo unos días antes de emprender el viaje y no teníamos casi ninguna referencia, solo el pueblo donde se encontraba y allí que nos dirigimos.


Vamos teniendo mucha suerte con el tiempo, ayer sol y calor intenso para patear por Salzburgo y hoy nada mas ponernos en marcha por la autopista comienza un intensísimo aguacero que prácticamente no nos va a dejar en dos días.
Cruzamos nuevamente la autopista de circunvalación y cogemos la A-10. Los paneles electrónicos de información indican la prohibición de circular a mas de 100 km/h por la cantidad de agua que caía. Cambian los límites de velocidad a tenor de las circunstancias de la calzada.
Cogimos la salida nº 43 a Werfen cruzando un puente sobre el Salzach y antes de entrar en el pueblo se ven unos amplios aparcamientos junto al río con varias autocaravanas. Ya sabéis, como un imán. Resultó ser el aparcamiento desde donde salen los autobuses que suben hasta las taquillas y el acceso a la cueva.


Desde este aparcamiento que está a las afueras de Wefen como he dicho, se ve el famoso castillo medieval de Festung Hohenwerfen ( Aquí se rodaron algunas escenas de las famosas películas "El desafío de las águilas" y "Sonrisas y lágrimas" ) un aparcamiento muy amplio en un lugar rodeado de montañas, el río...en fin la tónica general de este bonito país. Para redondear el tema vi un paisano que por allí caminaba y con mi idioma gestual le pregunté  si allí se podía pasar la noche, a lo que me contestó en el mismo idioma que por supuesto. Pernocta sin problemas. N 47º 28' 35” E 13º 11' 35” .


Veíamos factible visitar la cueva y el pueblo con su bonito castillo y terminar el día pasando aquí la noche, plan inprovisado pero muy cómodo y alentador a priori.
Para orientarnos un poco nos acercamos  a la casita de información que hay a la entrada del parquing donde están todas las explicaciones.




Desde allí mismo suben autobuses cada 25 minutos. En resumen, primero subes en autobús varios kilómetros hasta las taquillas, después caminando 20 minutos hasta el teleférico y después otra subida también caminando de otros 20 minutos hasta la boca de la cueva. La visita comienza con un tramo de escalera de 700 peldaños, lo que significa que hay que estar preparado para una pequeña paliza que dependiendo del estado físico de cada cual, puede llegar a ser bastante cansado. Así lo anuncian en carteles en tres idiomas, menos en español naturalmente . “Las personas con implantes coronarios, marca-pasos o algún ligero problema cardíaco, deben abstenerse de hacer la visita”.


Nos dispusimos a subir y no perdernos este extraordinario espectáculo que deben suponer las imágenes interiores de la cueva de hielo mas grande del mundo. Cautivadora perspectiva.
Gran desengaño, no están permitidas las fotos en el interior. ¡que le vamos a hacer! Subimos en el autobús 11,60€ los dos ida y vuelta. La subida endiablada pero el espectáculo es impresionante. Me alegraba de haber pagado estos caros billetes por la tranquilidad de subir y bajar por aquí y además disfrutando de esos paisajes. Carretera abierta al tráfico pero a tenor de lo que vimos  es muy recomendable no subir con la autocaravana. Desniveles muy importantes, carretera estrecha y curvas  pronunciadas pero sobretodo que arriba puede haber serios problemas para aparcar e incluso para poder dar la vuelta.


El autobús nos deja  junto a las taquillas cuando comienza a llover con insistencia nuevamente. Nos toca hacer una buena fila para abonar las entradas. Optamos por subir en el teleférico (  este tramo se puede hacer andando pero suponen 90 minutos mas y cuesta  arriba). Ida y vuelta mas las entradas a la cueva 38€ a sumar al precio del autobús. Comenzamos a caminar por un empinado sendero los primeros 20 minutos hasta el teleférico. Sigue lloviendo, pero vamos bien preparados, chubasquero y un buen paraguas tipo asturiano. Este tramo lo tomamos con tranquilidad, en parte porque nuestras piernas ya no son lo que fueron  y además porque los paisajes que tenemos a nuestra vista son espectacularmente bellos. Sin dejar de llover las nubes se cierran y  abren sobre nosotros ofreciéndonos a cada recoveco del camino distintas perspectivas de estas montañas de ensueño.


 Envueltos en esta magia nos topamos en medio del camino con la gente parada y haciendo fila bajo la lluvia y el viento. Mirando hacia arriba vemos que la fila se pierde entre las revueltas que hace el camino y  la niebla que nos impide ver hasta donde llega, tan larga que yo diría que hasta el mismo cielo. Una vez mas  por señas, nos confirman que esta es la fila para coger el funicular. Aguantar toca.


 Nos abrigamos bien sacando las bufandas de las mochilillas  porque ahora estábamos quietos y el frío y la humedad se dejaban notar. Fue impresionante, nada mas y nada menos que 55 minutos de reloj a la intemperie. Lógicamente las cabinas del teleférico tienen una capacidad determinada y tardaban unos 5 minutos desde que salía una y llegaba la otra. Aquí realizamos un ejercicio de estoicismo al mas puro estilo germano. Nadie refunfuñaba, todo el mundo aguantaba impasible bajo el aguacero sin el menor gesto de ansiedad. Cominos algo de las mochilas que afortunadamente habíamos preparado.... la experiencia.
¡Que paciencia! Cuando nos llegó el turno, no nos lo creíamos, que largo se hace, prácticamente una hora a la intemperie y con aquel tiempo.


Llegamos a la estación superior y comenzamos a caminar por el resto del camino cuesta arriba otros 20 minutos. Esta parte es mucho mas agreste y si espectacular era la parte de abajo por aquí era soberbia, seguíamos con el juego de las nieblas, envolviéndonos y desapareciendo de improviso. Las cumbres peladas ya se dejaban ver. Realmente este aspecto de la excursión mereció la pena.


 Y por fin llegamos a la cueva, una enorme bóveda donde nos temíamos que tendríamos que volver a ponernos en fila, pero afortunadamente no fue así. Se entraba en grupos de 20  ó 25 personas, menos mal. Nos recibe un guía joven y empieza a identificar los idiomas que componían este grupo. Delante, los de habla alemana, después los de habla inglesa y a nosotros, los únicos españoles, nos ofreció una hoja traducida en google o algo así. La subida total consta de 700  escalones muy inclinados en todo  el recorrido a lo largo del cual haríamos 10 paradas.



Empieza a sacar unas linternas de carburo y  las va entregando a una de cada cinco personas. Y eso es casi todo lo que veríamos, la lucecita del carburero del joven que la portaba, tres o cuatro personas por delante de nosotros. Mal empezamos. El presagio que tuvimos se confirmó nada mas empezar a subir por los  300 primeros escalones de un tirón sin detenernos. La majestuosidad de la inmensa rampa de hielo por la que ascendíamos  prácticamente había que adivinarla. Entre otras cosas porque íbamos en una gran fila de gente y no podíamos detener el ritmo que se nos marcaba, que aunque no era muy  rápido si que nos faltaba un poco el aliento. Y mucho menos, podíamos detenernos para  tratar de mirar alrededor. A Flor  le costaba mas y  toda su atención la tenía puesta en las empinadas escaleras que le parecía que se movían al ritmo de la mano que sujetaba la linterna.  Esperábamos ver algo cuando de tarde en tarde el joven  que portaba la lámpara la asomaba hasta el espectacular abismo que íbamos dejando detrás nuestro.

La gruta jamás la veréis así
Al superar los 300 primeros escalones, el guía se introducía en una cavidad y aparecía en una especie de gran escenario que el hielo había formado; encendía una pequeña mecha   especial que iluminaba por unos  instantes el recinto (nada que ver con la iluminación que muestran los catálogos de información y las postales que  venden) daba sus explicaciones que nosotros no entendíamos y por supuesto no podíamos leer en el papelito; si nos deteníamos en lecturas nos perdíamos el corto espacio de tiempo en que la mecha iluminaba el hielo, además  la escasa luz tampoco nos habría permitido  ir leyendo el relato de por donde íbamos pasando. Todo esto se repetía a cada larguísimo tramo de escalones hasta 10 paradas tal y como ponía en la entrada.

Esta iluminación solo se ve en estas postales que venden
 Fue luego, al regreso a la autocaravana cuando haciendo un ejercicio de memoria pudimos coordinar nuestras imágenes mentales de los sitios donde el guía nos detenía para explicar algo, con las descripciones impresas en el famoso papelillo. Como por ejemplo: La cruz pintada en negro que Anton Posselt, descubridor de la cueva y primer explorador, dejó en 1879 como marca de hasta donde había conseguido llegar, puesto que por la inclinación del hielo no le fué posible continuar. La tumba donde están enterradas sus cenizas. Los 25 metros de anchura de puro hielo de algunas columnas. El muro helado de 30 metros donde en 1913 tres exploradores de Salzburgo subieron por primera vez tallando 140 peldaños, por donde  nosotros ahora subíamos nuevamente otros 60 peldaños mas con una inclinación de 45º.

Catálogo
Las explicaciones generales sobre la cueva que el guía daba sobre la marcha, como que la temperatura del interior en verano es de 0º y en invierno llega a -15º y las  del resto de figuras que con el paso de muchos años van cambiando de forma y tamaño. 
En la parte mas alta de la cueva se está a 1 Km. de la entrada aproximadamente, pero ésta, continúa ya sin hielo en un laberinto de 40 kms. mas, no visitables. A partir de aquí se bajan de golpe otros 700 escalones.


En fin, un montón de detalles que sobre la marcha ni te enteras pero sobretodo nos sentimos ciertamente timados, porque en ningún momento vimos las espectaculares imágenes iluminadas que se  muestran en los catálogos turísticos y en las tarjetas postales. Es del todo comprensible que no utilicen focos para iluminar puesto que generan calor, nada recomendable porque alteraría el hielo de la cueva, pero no deberían haberlos utilizado para hacer las fotos que muestran haciendo crear una idea al visitante completamente falsa de lo que se va a encontrar.


Salimos al exterior con esa sensación de medio fraude, porque si por lo menos te dejasen hacer alguna foto....


En fin, desde luego de haberlo sabido creemos que no nos hubiésemos embarcado en esta excursión  por que a nosotros por lo menos nos ha resultado bastante decepcionante, aunque eso si, debemos decir en descargo, que de lo que vinimos encantados fue del entorno del camino donde se encuentra la cueva, además las condiciones climáticas a pesar de hacer desagradable la espera tan larga en la subida sumaron una belleza añadida a este espectacular paisaje montañoso.


La bajada se hizo mas placentera y relajada y pudimos disfrutar nuevamente de todo aquel paisaje sin igual.
Una vez abajo, en la autocaravana, estábamos verdaderamente cansados y por la hora que se hizo, no teníamos ganas ni eran horas de visitar la ciudad ni el castillo. Además seguía lloviendo insistentemente.




Pensamos que no sería mala idea continuar hacia el siguiente destino que teníamos previsto y así ganar tiempo para mañana. Se nos iban agotando los días y teníamos muchos sitios preparados en el tintero, aunque sabíamos a ciencia cierta que no todos podríamos visitarlos.


Nos dirigimos a continuación hacia una de las zonas largamente esperadas. Desde hace mucho tiempo hemos oído hablar maravillas de una zona conocida como los lagos de Salzburgo y habiendo visto  catálogos y relatos de otos viajeros, guardábamos grandes expectativas para estos lugares.
La puerta de entrada hacia toda esta región es la localidad de Mondsee para lo cual teníamos que volver otra vez hacia Salzburgo y coger la autovía hacia Viena.
De nuevo cruzamos la circunvalación del pueblo natal de Mozart, que ya casi  conocíamos con los ojos cerrados, bajo una torrencial manta de agua. Desde luego en esta  zona no saben lo que es tener el parabrisas lleno de mosquitos en verano (a no ser que vengan de vacaciones a España).

Unos pasando frío bajo la lluvia y otras como auténticas reinonas

Nos desviamos a Mondsee intentando localizar un área en el centro del pueblo, pero no encontramos nada. Lo atravesamos de arriba a abajo sin cruzarnos con nadie, ya comenzaba a oscurecer  y seguía lloviendo con fuerza. No vamos a decir que era un pueblo fantasma, pero casi. En la plaza central junto a una iglesia vemos un parquing de pago donde se permite la pernocta, pero aunque no había absolutamente nadie, las plazas eran muy pequeñas. Continuamos y nos dirigimos hacia las afueras buscando espacios mas abiertos y encontramos por casualidad un sitio que resultó ser el lugar idóneo. Es un aparcamiento amplio y llano junto a una zona deportiva y no lejos de la rotonda de entrada y salida. ¡¡Genial!!.


Prácticamente toda la población de esta ciudad fantasma se encontraba jugando un partido de fútbol casi de noche y lloviendo a cántaros en este polideportivo cercano como si fuera el día mas espléndido del mundo. Increíble.
Enseguida llegó una autocaravana francesa a pasar la noche junto a nosotros. Nos saludamos desde el interior como diciendo, -que buen sitio es este.
Parquing gratuito en C/ Südtiroler Strasse N 47º 51' 32” E 13º 20' 37” continúa lloviendo intensamente durante toda la noche.

SIGUIENTE DESTINO.......HALLSTATT


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